Un paciente llamado Steve Jobs

¿Cómo un genio visionario y riquísimo lucha con el cáncer? La intensa lucha de Steve Jobs contra esta enfermedad es emblemática del camino de muchos enfermos.

Su historia podría ser un cuento de hadas moderno, porque Steve Jobs lo tenía todo: inteligencia, creatividad, y un conocimiento único de lo que la tecnología le puede aportar a la humanidad, tal como lo confirma su biografía escrita por Walter Isaacson. Pero a finales del 2003, el fundador y director de la súper poderosa firma californiana Apple sufre de cálculos renales repetitivos, y de una sensación de cansancio repetido.

Es durante un escáner renal que se lo detectan: una sombre en el páncreas de Jobs, devela un tumor. A partir de este momento, como para cualquier persona que recibe este diagnóstico, su vida da un vuelco en una nueva dimensión con nuevos retos hasta entonces desconocidos. Una experiencia que le hará transformarse durante 8 años antes de fallecer, el 5 de octubre de 2011 “en paz, y rodeado de los suyos”. Sobre todo, se marchó “habiendo superado todas las metas que se había marcado” dice Steve Wozniak, co-fundador de Apple.

El intento con las medicinas alternativas

Ese fue el primer reto de Jobs al recibir el diagnóstico: ¿hay que seguir las consignas tan a menudo desanimadoras y exigentes de la medicina moderna o inclinarse por tratamientos alternativos? El creador del iPhone y otros iPad lleva dentro suyo estas dos tendencias contradictorias: una fascinación por la más alta tecnología médica de un lado, y por otro lado la certidumbre que si se “desintoxicaba” la mente y el organismo gracias a la práctica diaria de la meditación zen y las dietas veganas, podría vencer su cáncer. Durante toda su enfermedad –y muchas personas enfermas sentimos probablemente lo mismo-, oscilará entre estas dos llamadas.

Parece retrospectivamente que su primera elección de no operarse al descubrirse su cáncer le ha costado caro. La biopsia había revelado un elemento positivo: Jobs sufría de una afección escasa, un tumor neuroendocrino del páncreas, con un desarrollo lento y a menudo tratado con éxito. Cuando la lesión se detecta temprano, como en su caso, se puede retirar con cirugía, y la curación es factible. Pero el fundador de Apple, furioso en sus cabezonerías como en sus visiones, huyó durante 9 meses de los quirófanos. Para su esposa Laurene Powell, este era el lado más oscuro de su “pensamiento mágica” tan fértil: “Steeve tiene esta capacidad a ignorar los problemas que no quiere afrontar”, dice a Walter Isaacson. “No soportaba la idea que me abrieran el cuerpo, así que decidí probar otros métodos”, afirmaba Jobs.

Destacan sesiones de acupunturas, remedios basados en plantas, lavativas e hidroterapia del colón, estancias en clínicas new age de California del sur, y un ¡consumo masivo de diente de león! Y sobre todo, una dieta vegetariana estricta a base de zanahorias crudas y frutas frescas.

Desde sus años como estudiante, cuando vivió en una comunidad agrícola hippy, Jobs había centrado toda su atención en su alimentación, y tenía costumbre de curarse mediante dietas extremas y mono dietas.

La alta tecnología médica

Acabará aceptando operarse en julio 2004 cuando un nuevo escáner muestra que el tumor ha crecido y propagado metástasis. Pero Jobs –a quién solo se le ha retirado parte del páncreas- sigue con problemas de desnutrición y digestión, en especial por su reticencia a comer proteínas.

Por lo que se refiere a la medicina high-tech, probará luego todo lo que pudo: al retirarle su tumor, el genoma de su cáncer había sido secuenciado, lo que permitió a los médicos proponerle quimioterapias específicas. En 2008, en plena recaída y con un fuerte desequilibrio hormonal, se fue a Rotterdam para seguir un tratamiento experimental llamado terapia por radionuclides.

La falta de compromiso caritativo

Por supuesto, el dinero ha sido un aliado de peso en el recorrido de Steve Jobs: es gracias a su fortuna que ha podido probar todo lo posible, y que su esposa no dudaba en convocar en su casa de Palo Alto los mejores oncólogos, hematólogos y nutricionistas americanos para “reuniones médicas estratégicas”. Que no se tuviera una visión global de su enfermedad enrabiaba a Jobs.

Su red de contactos también fue un elemento determinante: cuando fue obvia la necesidad de un trasplante de hígado en marzo del 2009, tuvo la suerte gracias a conocidos poderosos de inscribirse en las listas de candidatos al don de órganos en dos estados, la California y el Tennessee. Y es a Memphis dónde fue para ser operado en cuanto antes.
Algunos meses más tarde, casi resucitado de la intervención quirúrgica cirugica y de un postoperatorio de pesadilla, mientras desvelaba a la prensa internacional la nueva línea de los iPod nanos, Jobs dará a conocer su gratitud para los donantes de órganos. “Ya no estaría aquí sin esta generosidad”, dijo. Pero fuera de esta frase y una aparición en una gala contra el cáncer, Jobs –clasificado 43º fortuna mundial-, al contrario de su rival Bill Gates, no dedicó mucho dinero a la lucha colectiva del mal que le estaba afectando.

¿Hablar o callar?

El segundo reto que viene con el cáncer y que Steve Jobs tuvo de vivir al 100%: la tentación de mantenerlo secreto, al descubrirse el tumor en 2003, optó por esa opción. Pero una vez operado y tratado por quimioterapia, quedarse encerrado era casi imposible, sobre todo para alguien tan apasionado por su trabajo. Anunció pues vía e-mail a sus equipos que su tipo de cáncer, operado de forma prematura, se podía neutralizar.
Pero, ¿Cuándo parar sus actividades? ¿Qué explicar de la evolución de la enfermedad? ¿Cuándo pasar el relevo? Durante 8 años, el Boss de Apple estuvo alternando mentiras y revelaciones mediáticas. Escribió Nelson Dumais, el periodista especializado en informática, que cualquier marrón que podría afectar la “gallina de los huevos de oro” que era Steve Jobs preocupaba a los accionistas… y al conjunto de los mercados financieros para cuales el valor de Apple estaba estrechamente vinculado a la presencia de Steve Jobs. En un estado correcto de salud, por supuesto; el capitalismo es un mundo muy cruel”…

Total: Jobs no paraba de echar balones fuera para ocultar su enfermedad, lo que cuadraba con su deseo íntimo de negarla. Su biógrafo recuerda que este es la cruz de la moneda, esta gran identificación de un hombre con la empresa que creó. “El caso de Jobs era especialmente delicado, dice, ya que el hombre defendía celosamente su vida privada siendo a su vez él mismo el icono de su empresa.” Una doble obligación que le hubiera provocado varias crisis de lágrimas cuando sus abogados le instaban a desvelar su estado de salud.

Ser consigo mismo, aún más intensamente

A pesar de todo, el « genio de la Silicon Valley » no cesaba de afirmar lo mucho que esta enfermedad le aportaba interiormente. Solo hay que mirar todo lo que ha llevado a cabo entre 2005 y 2011 para medir la fuerza y la creatividad no debilitadas sino amplificadas por la prueba que estaba viviendo: venta de los estudios Pixar a Disney, lanzamiento del Mac Pro, lanzamiento de los iPod Nano y iPod Shuffle, creación del primer iPhone, del iPod Touch, apertura de los Apple Stores, etc. Y por supuesto su nominación como “Hombre del Año” por Time magazine en diciembre del 2010.

Hasta sus últimas horas de vida, y a pesar de lo ineludible del resultado, Steve Jobs acaricia proyectos visionarios: nuevas y magnificas oficinas para los 12.000 empleados de Apple (los planos fueron totalmente concebidos por Jobs y unos cincuenta arquitectos); el proyecto de construcción de un fantástico yate familiar, el inicio de grupos de trabajo sobre la versión numérica de los libros escolares y un nuevo concepto de trabajo en casa para los alumnos…

Steve Jobs fue sobre todo, obsesivo con el trabajo y estuvo mucho tiempo fuera de casa, sin embargo les dedicó tiempo a sus cuatro hijos. En cuanto recibió la noticia de su cáncer, planificó un largo viaje solo, con cada uno de ellos. Proyecto que llegó a cumplir.
Con respecto esta fantástica energía multiplicada, Jobs se explica: “Recordarme que pronto estaré muerto, ha sido un motor esencial para ayudarme a tomar las decisiones más importantes de mi vida”, decía a los estudiantes de Stanfort en 2005. Porque casi todo –las expectativas, el orgullo, el miedo a molestar o a fracasar- todo esto se desvanece delante de la muerte… y solo queda lo que realmente importa. Recordarse que uno va a morir es la mejor manera de evitar la trampa de creer que tenemos algo que perder. Estamos desnudos, entonces, ¿Por qué no escuchar a tu corazón?”.

Un mensaje que demuestra que el cáncer no gana del todo, ataque a Steve Jobs o a otro ser humano.

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