Tu sí puedes luchar contra ese cáncer

El cáncer se está convirtiendo en una auténtica epidemia. Pero el cáncer siempre ha existido, no es una enfermedad moderna. Vivimos cada vez más mayores, en un entorno hostil y contaminado; todos los ingredientes están servidos para la mutación genética que es el cáncer.

Obviamente, “tener cáncer” no es una buena noticia. Pero cuando entramos un poco más en materia, nos damos cuenta que “el” cáncer no existe. “El cáncer es una palabra genérica y no se trata de una enfermedad, sino que son más de cien diferentes, ya que se puede decir que no hay dos tumores idénticos al nivel de las mutaciones, y es importante saberlo” (Mariano Barbacid, descubridor de la base molecular del cáncer).

Para cualificarlo, los médicos manejan estadísticas de las cuales extraen unos pronósticos. Pero TU no eres estadística, eres un ser humano, absolutamente único en este planeta, capaz de realizar cosas increíbles. Oímos cada día historias sobrecogedoras de pacientes que desafían todos los pronósticos. Tú puedes ser uno de ellos, puedes ganar tiempo y calidad de vida.

Aquí van unas nociones importantes:

Ser tu propio médico

Creo que no vale ir al oncólogo o radiólogo como ir a misa. Aquí hay que entender lo que pasa, pedir explicaciones, tomar apuntes, ser el protagonista de lo que está ocurriendo y lo que se está decidiendo. Y sí, es posible (¡y beneficioso!)  tomar un papel activo en el tratamiento y la curación de la enfermedad.

Haz deporte

Según los estudios, 30 minutos de deporte cinco veces a la semana tiene un impacto notable sobre recaídas de cáncer. El deporte actúa directamente sobre las hormonas (estrógenos, insulina, IGF-1), el sistema inmunitario, la inflamación del organismo y los kilos demás. El deporte también aumenta la cantidad de células NK en la sangre, cuyo objetivo es matar las células cancerosas y de frenar su progresión en el cuerpo.

Por deporte, se entiende cualquier actividad que hace latir un corazón un poco más deprisa y que permita hablar sin perder el aliento. El ejercicio suave (caminar, gimnasia suave, tai chi, yoga, pilates, qi gong, natación) parece ser más eficaz que el deporte intensivo (triatlón, squash, kárate). También computan las actividades diarias: caminar para ir a comprar, subir escaleras, pasar el aspirador, pasear su perro, etc.

Sigue una dieta anticáncer

La dieta anticáncer existe, está demostrado que una dieta a base de frutas, verduras, y legumbres, con poco azúcar, leche y carne es benéfica para el organismo. De hecho, los últimos avances científicos se basan en combinación de alimentos anticáncer (Dr. Madhwa Raj, The Journal of Cancer). Elegir ingredientes de calidad, ecológicos en la medida de lo posible es muy importante. “Que tu medicina sea tu alimento, y que tu alimento sea tu medicina”, Hipócrates. ¿Verdad que no aceptaríamos tomar medicamentos de dudosa procedencia y efectividad?

Trabaja tu psique

Acudir al médico para cuidar de tu cuerpo está muy bien, pero ¿qué tal cuidar de tu vertiente psicológica? La palabra psicólogo viene del griego psukhê –alma- y logos –palabra-. Recibir el diagnóstico del cáncer se asemeja a un duelo: se pierde una cierta despreocupación al enfrentarte a tus miedos. Tener a alguien para poder exponer tus miedos, sin vínculo afectivo, nos ayuda a entender nuestros circuitos mentales negativos y liberarnos de ellos.

Entiende el clivaje  a tu alrededor.

La enfermedad, como la adversidad, es un potente “limpiador natural”. La gente a tu alrededor está muy presente al principio de la enfermedad, pero eso es un maratón, no un sprint. Se pierde y se gana gente durante la andadura. Quién no te resulta benéfico te sobra en este momento. La energía positiva que dan los que realmente te quieren y se preocupan por ti es vital, no permitas que pensamientos negativos derrumben esto.

Escucha tu voz interior

Los niños son ejemplares y una fuente de aprendizaje para los adultos. Son muy receptivos y capaces de oír su “pequeña voz interior” que, cuando nos volvemos adultos nos olvidamos. Porque nuestra educación nos enseña a razonar, a analizar, a determinar lo que es cierto o falso, bien o mal, bonito o feo. Y sin darnos cuenta, nos acostumbramos a reaccionar en función a creencias, perjuicios, opiniones, todo lo contrario de la intuición. Un trabajo de introspección, el silencio y  la práctica de la meditación permiten volver a encontrar la serenidad interior necesaria para escucharla. Seguir su voz interior resulta molesto, porque cuestiona nuestras costumbres, nuestras actitudes, nuestro comportamiento. Nos exige flexibilidad mental y humildad. La voz interior nos hace pronunciar las palabras justas en respuesta a lo reflexionado, hacer el gesto oportuno en el momento adecuado, y en los momentos difíciles nos abre perspectivas que no habíamos imaginado. Esa Voz es la inspiración que nos permite sobrepasar nuestros propios límites mentales.

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