La risa puede currarnos

Norman Cousins era un periodista americano muy conocido, redactor jefe de la revista Saturday Review. En 1964, su médico le informa que tiene espondilitis anquilosante. Es una enfermedad sin cura de la columna vertebral que provoca dolores en la parte inferior de la espalda y un endurecimiento articular en el que los tendones, ligamentos y articulaciones se van calcificando y que acaba con las vértebras formando un solo y único bloque…
Esta enfermedad es muy dolorosa, y no hay tratamientos salvo anti inflamatorios cuyos efectos segundarios pueden ser devastadores. Norman Cousins incluso cuenta que sus médicos le daban 1 entre 500 de sobrevivir.

Con este futuro tan oscuro, Norman Cousins empezó a investigar. Tenía una formación médica, ya que fue médico adjunto en la escuela de medicina de UCLA, y en contra de la opinión de sus médicos, hizo 3 cosas:

1) Tomar vitamina C en muy alta dosis
La primera fue estudiar a fondo todos los medicamentos que tomaba, y descubrío que sus tratamientos desgastaban sus reservas de vitamina C y, basándose en sus propios investigaciones, consiguió convencer a sus médicos de suspender algunos tratamientos, e inyectarle vitamina C a muy alta dosis, ya que pensaba que era su última esperanza.
2) Irse del hospital porque le producía angustia
Cousins decidió irse del hospital e instalarse en una habitación de un hotel. Pensaba que los hospitales, con su comida deplorable, su higiene dudosa, su cultura de la sobre medicación, su atmosfera negativa y la perturbación sistemática del ritmo de sueño de los pacientes “no eran lugar para gente enferma de verdad”, decía.
3) Ver películas de risa
Tercer tema: Cousins consigue un proyector y un stock de películas cómicas, entre las cuales numerosas cámaras ocultas y películas de los Marx Brothers. Durante su primera noche en el hotel, se río tanto viendo estas películas que consiguió dormir varias horas sin notar ningún dolor. La risa había estimulado su producción de endorfinas, productos químicos con efectos anestesiantes producidos naturalmente por el cuerpo.

Cuando se despertaba el dolor, volvía a poner el play, y después de haberse reído, conseguía volver a dormirse.

Cuenta que midiendo su velocidad de sedimentación, uno de los exámenes rutinarios de una analítica de sangre que permite medir la inflamación y las infecciones, observaba que su tasa disminuía de 5 puntos cada vez que veía una de estas películas.

Cura milagrosa
Pudo parar rápidamente todos los medicamentos, salvo la vitamina C y la risa.

Describe las siguientes semanas como una larga cura de risa, que le devolvió poco a poco la salud, y que le permitió volver al trabajo.

Es evidente que el éxito de este tratamiento se debe mucho a la actitud que Norman Cousins decidió adoptar.

Además de guardar, y estimular, su capacidad a reírse, era un hombre que creía profundamente en el amor, la fé, y la actitud positiva hacía la vida (fue un luchador empedernido para el desarme nuclear). Su fuerza de carácter y sus ganas de vivir sin duda han participado en su cura milagrosa.

Activar el efecto placebo
Mientras estaba en el hospital, reflexiono que si las emociones negativas como la ira y la frustración pueden ser perjudiciales, eso significa de forma recíproca que las emociones positivas como la alegría y la risa pueden tener efectos opuestos.

Algunos llamarán esto el efecto placebo. Pero Cousins concluye que la creatividad es la causa central del efecto placebo: articula una cadena de acontecimientos en el cuerpo que restablece el equilibrio (homeostasia) y el sentimiento de bien estar.

La relación de confianza con el médico
Y finalmente atribuye gran parte de su éxito a su relación muy cercana y de amistad con su médico, que apoyaba plenamente su iniciativa y le animaba en su planteamiento experimental a pesar que no cuadrara con las ideas preconcebidas de la medicina.

Esta importancia capital de la relación paciente/médico está casi universalmente reconocida y comprobada a nivel estadístico como el factor más importante para la curación en psicoanálisis. Pero, ¿eso podría ser cierto también en el mundo de la medicina? El caso de Norman Cousins hace pensar que sí.

El aspecto más fascinante de la historia de Norman Cousins era su capacidad a reírse, a pesar de dolores intensos y, muy probablemente, una angustia profunda, la que afecta todas las personas a quiénes se anuncia que tienen una enfermedad incurable.

Pero él dio mucha importancia a reírse hasta que le doliera el estomago, con esta risa intensa que producía un afecto anti dolor. En su libro, cita numerosos intelectuales quienes habían entendido con él la capacidad de curación de la risa, y esta lista incluye gente como el filósofo inglés Francis Bacon, Emmanuel Kand, Sigmund Freud o el doctor Albert Schweitzer.

Porque la risa podría ser un medio para el ser humano de salir de sí mismo, de sus limitaciones, y encontrar el itinerario hacía la sanación. Por eso, el viaje de Norman Cousins quién gracias a la risa ha vuelto a la vida puede ser para nosotros/as todos/as una gran fuente de inspiración.

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