Tengo cáncer y tengo que decirte unas cosas

No tenemos los mismos tipos de cáncer, no tenemos los mismos tratamientos, no hemos experimentado las mismas fortalezas, ni el mismo coraje, ni las mismas desesperaciones. Cada uno/a, tenemos nuestra historia, pero tenemos algo en común para  decirte…

Vosotros nos decís….

¡Anímate!

Procuramos animarnos todo lo que podemos, y muchas veces os sorprendemos de tener tanto ánimo. ¡Ojo! A veces os mentimos para protegeros. Entonces, cuando lloramos, aunque os haga daño, dejadnos llorar, lo necesitamos… Para evacuar nuestro miedo, nuestro dolor, nuestra indignación… Y vosotros también, si tenéis la necesidad de llorar, hacerlo, no os lo tendremos en cuenta. Aceptad la ayuda de vuestro entorno para poder ayudarnos a nosotros/as luego.

Proponernos ayuda concreta. Por ejemplo, decir: “Deja, te ayudo a llevar este pack de leche, me encargo yo de ir a recoger tus hijos”, en vez de “¿Necesitas algo?” que nos hace sentir dependientes.

En vez de preguntarnos “¿Qué tal?” que parece no soportar otra respuesta que una positiva, necesitaríamos “Cuéntame, ¿Cómo vas?”.

Hoy en día, ¡eso se cura!

Ya lo sabemos, nos lo decís tan a menudo… que nos preguntamos si no es para tranquilizaros a vosotros/as mismos/as… Hay muchas mejoras, es cierto, pero eso no se cura siempre. Nuestro miedo de la recaída, de las metástasis, de tener que volver a luchar es permanente e incontrolable. Conocemos hermanos y hermanas de lucha que ya no están aquí; tenían los mismos tratamientos que nosotros/as, las mismas ganas de tirar adelante. Cada chequeo es un suplicio, cada espera de resultados es insoportable, cada quiste, cada grano se vuelven sospechosos.

Para las mujeres con mastectomía: Se puede vivir con un solo pecho, la feminidad no solo es el pecho.

Sabemos que sois sinceros al decirnos esto… Pero sabemos que ya no somos como antes. Ya no nos miramos al espejo antes de haber camuflado nuestro cuerpo mutilado, antes de haber comprobado que no se nota. Ya no pasamos mucho tiempo debajo de la ducha, los escaparates de ropa interior nos hacen daño, las fotos en las revistas nos dan ganas de llorar…. Discúlpenos por  volvernos sumamente púdicas y de no tener ganas de seduciros…. Ya solo nos queda un pecho. Aceptarnos poder decir lo que sentimos, lo que sufrimos. Claro se puede vivir sin, ¡pero sería mejor con!

¡Las quimios han mejorado mucho!

¡Pues menos mal! Nos dejan hechos polvo, sin pelo, vomitando, perdiendo dientes y uñas, nos debilita y cada sesión es como una tortura…. Tomaros el tiempo de acompañarnos para distraernos, cogednos de la mano durante las inyecciones… Las quemaduras, el dolor, la insensibilidad, todo eso es invisible pero permanente. Nuestros cambios de humor, gritos de ayuda, nuestros cabreos, nuestras indignaciones no son contra vosotros, son la expresión de nuestro desamparo, de nuestro dolor.

Sí, estamos con vida, pero ¡cuántas conmociones!

 Ya está, ¡ahora estás curado/a!

Los tratamientos ya han pasado, la vida vuelve a su cauce… Ya estáis tranquilos, y todo es como antes… ¡Salvo nosotros/as! Nos quedamos aquí con el cuerpo herido, el miedo, la calma después de la tormenta, sin fuerza alguna… Y no nos atrevemos a decirlo por miedo a contrariaros, y vosotros tampoco nos habláis por miedo a molestarnos, a despertar recuerdos desagradables… Pues animaros a preguntarnos como nos va la cabeza, lo seguimos necesitando, aceptad que sigamos hablando y llorando.

Atreveros a decir: tu cáncer, ¡y no “tus problemas, tus preocupaciones”!

La palabra no es ni tabú ni contagiosa… Sí, hemos tenido un cáncer.

Pero también quisiéramos deciros…

Gracias a nuestros maridos y mujeres, nuestros compañeros y amores.

Gracias a vosotros todos, familia, amigos, colegas, relaciones cercanas o lejanas que nos han rodeado, queriendo ser estar presentes en este momento de nuestras vidas.

Gracias por haber entendido que se trataba de NUESTRO cáncer, de haber aceptado nuestra agresividad. También por no haberos olvidado de que detrás de nuestro físico, nuestra imagen desmejorada seguíamos siendo hombres y mujeres.

Gracias por haber entendido que, a pesar de todo vuestro cariño, no podríais ESTAR EN NUESTRO LUGAR, y en lugar de decir “estoy aquí”, haber sabido actuar.

Gracias por haber entendido que estábamos entre paréntesis, y de haber entrado dentro con nosotros/as sin pedir nada a cambio. Vivíamos juntos en la alegría y la adversidad, nosotros dábamos lo peor y vosotros lo mejor. Pero sabéis que si fuera al revés, haríamos lo mismo para vosotros/as.

Gracias por haber luchado y seguir luchando con nosotros/as, por ayudarnos a volver a dibujar una sonrisa, por no habernos permitido soltar nunca la luz de la esperanza.

Nuestro reconocimiento está a la medida de nuestro amor para vosotros: inmenso.

Texto extraído y traducido de Il est moins tard que tu ne penses de Hélène Bénardeau, con el amable permiso del autor y su editor Jacques Flament Éditions.

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