Médicos y cáncer

El anuncio de un cáncer nos la suele dar un médico. Mejor o peor, en base a su capacidad de empatía pero también a su propio miedo a esta enfermedad. Pero un médico es el punto de partida.

Durante el proceso, vamos a encontrarnos con muchos médicos: oncólogos, radiólogos, ginecólogos, especialistas… Quisiera que todas las personas afectadas entendamos bien que entre todas estas personas, el elemento común somos nosotros. Que un médico no siempre sabe lo que nos ha dicho el otro. Con lo cual, nuestra actitud debe ser de “pivote central”. Aparte de ser la persona afectada por el cáncer, somos el “centro de información”. Por este motivo, recomiendo ir a cada consulta con una carpeta cáncer, en la cual  tendremos almacenada toda nuestra información médica importante. Que la carpeta sea lo más bonita posible, porque la vamos a ver a menudo… La mía tiene dibujos de mis hijos pegados dentro y notitas que me dicen que me quieren.

Luego, debemos entender que aunque para nosotros estas visitas y entrevistas son de máxima importancia, ya que nuestro pronóstico vital está en juego, el médico es un ser humano como todos nosotros, con sus días buenos y sus días malos, con noches cortitas, problemas familiares o de pareja, etc. Me refiero a que un médico puede no estar en su mejor día, olvidarse de comprobar, decir o explicarnos algo. Por este motivo, las visitas a los médicos deben ser preparadas, un poco como un plan de batalla. Creo que es necesario apuntarse sus preguntas, sean las que sean; la pregunta tonta no existe. Del mismo modo, hay que apuntar las respuestas. Si hay palabras técnicas desconocidas, pedir explicaciones, solicitar deletrear si se precisa. Eso evitará el “síndrome del cubito de hiello”, o sea que me han explicado un montón de cosas pero no recuerdo nada. También permite tener un papel más activo y ser protagonista de su tratamiento. Recordar la importancia de ir acompañado/a a las visitas en la medida de lo posible, y si uno/a no se ve capaz de llevar la voz cantante, que lo haga el acompañante. Tener claro su tratamiento, como se administra, permite contrastar la información por internet luego (sí, ¡lo hacemos todos!).

Y por último, deciros que también en los anfiteatros de medicina hay malos alumnos sentados al lado de la estufa. Que siempre han aprobado justito, que no les interesa mucho formarse y estar al tanto de nuevos tratamientos. Otros tienen muy poco don de gente y carecen totalmente de apatía. Si no te sientes cómodo con tu médico, ¡cambia de médico! Esta partida es demasiado importante como para apostar por alguien que no te entiende.

Y por último, destacar el gran trabajo que hacen muchos médicos con sus equipos oncológicos, a pesar de aguantar unas condiciones de trabajo pésimas, con mucha incertidumbre. Seres humanos entregados a su oficio, a ayudar a sus semejantes. Yo tuve mucha suerte, me tocaron enseguida los buenos… ¡Gracias a Idoia, Aranxa, y también a mi amigo Eduard! ¡Ojala os siga dando la lata muchos años!!!

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