La bolsa de patatas

Un profesor de meditación pide a sus estudiantes que acudan a la siguiente clase con un saco de patatas y una bolsa vacía de plástico. Durante esta clase, el profesor les pide meditar acerca de las personas hacía las que tienen resentimiento, envidia, celos, y a las que no perdonaron gestos y actuaciones pasados.

Al final de la clase, el profesor pidió a cada estudiante que escribiera el nombre de cada una de estas personas sobre una patata y ponerlas en la bolsa vacía. Luego, cada uno/a prometieron que durante los próximos 7 días, las 24 horas del día, pasara lo que pasara, no se separarían de su bolsa de patatas. Los/as estudiantes se marcharon, algunos de ellos/as con más de 13 kg de patatas.

La bolsa de patatas debía ser parte integrante de su vida día y noche. Al acostarse, debían dejarla en su mesita de noche, luego por la mañana la llevarían hasta el plato de ducha, al lavabo mientas se lavaban los dientes, a la mesa del desayuno, en el metro, en el autobús, al trabajo, a la hora de la comida, a reuniones, etc.

Después de 7 días, los estudiantes llegaron todos a clase unos minutos antes, ansiosos de dejar su bolsa de patatas en cuanto antes. Y el profesor les explicó: “Habéis arrastrado patatas y ahora estáis impacientes por libraros de ellas. Mediante esta experiencia, acabáis de entender que perdonar no es disculpar al otro sino liberarse a sí mismo”.

Insisto en la importancia de hacer un trabajo de reflexión e introspección durante el cáncer desde que nos lo diagnostican. Soltar las bolsas de patatas seguramente nos ayuda a concentrarnos más en nuestra propia lucha.

El odio y el rencor es como un carbón caliente en las manos, a quien más le quema es al que lo lleva.” Dalaï-Lama

Tambien te puede interesar