Discúlpenme, tengo cáncer

Cuando la biopsia de Maria José confirmo que se trataba de un cáncer, su primer pensamiento fue“¿Cómo le voy a explicar esto a mi marido?”. Pues tenía mucha razón, porque cuando se lo dijo, esa misma noche, fue Jaime y no ella, quien se derrumbó, a quién hubo que darle la caja de Kleenex para secar sus lágrimas  y a quién hubo que tranquilizar y calmar.

Lo mismo le volvió a pasar en la oficina, cuando tuvo que avisar que estaría ausente durante algunas semanas o meses para empezar los tratamientos. Tuvo que sujetarle la mano a algunas compañeras que se pusieron a llorar, asustadas, a las que les aseguró que toda iría bien,  y que no tenían que preocuparse.

Aún había que ocuparse de los niños… A los diez y doce años, aun no eran lo suficientemente maduros para hacerse cargo si su madre se encontraba destrozada por el cansancio ó incapaz de hacer la cena… ¿Y cómo reaccionarían  cuando la vieran sin pelo?

Esta historia, contada por David Servan-Schreiber, ilustra un fenómeno bien conocido: son a menudo los mismos enfermos/as  los/as que deben consolar a sus allegados, y no al revés. Se realizó una investigación desde la Universidad de San Francisco sobre este tema, y concluyo que muchas mujeres con cáncer de mama son las que cuidan a sus allegados, y no al revés.

El motivo es profundo: cuando una persona se prepara  para morir, se preocupa por su propia muerte, claro está, pero si tiene responsabilidades o si muchas personas dependen de ella, está preocupado/a por lo que les pasará cuando ya no esté.  

Sin embargo, no debemos olvidarnos de una cosa sumamente importante: las mujeres que se relacionan con las amigas y saben pedir ayuda, duplican sus opciones de sobrevivir a un cáncer de mama, en comparación con las que se aíslan o llevan su carga en soledad.

El aislamiento siempre es un riesgo mayor para la salud, incluso es el factor más grave, incluso más grave que el de fumar. Un estudio australiano ha demostrado que las mujeres que han vivido una situación de estrés grande y no habían recibido ningún apoyo emocional tenían 9,5 veces más riesgos de recibir un diagnóstico de cáncer de mama.

Bajar la mortalidad un 71%

Por el contrario, las mujeres a quién se le diagnostica un cáncer de mama tienen un mejor pronóstico cuando se benefician de un seguimiento psicológico, adaptando su forma de vida al método anticáncer del doctor Servan-Schreiber: ejercicio físico moderado, gestión del estrés, consejos alimentarios como Mis recetas anticáncer de Odile Fernández.

La tasa de inflamación (factor de crecimiento de los tumores) en su cuerpo disminuye, su sistema inmunitario funciona mejor, el resultado es que, tras 11 años de seguimiento, el riesgo de mortalidad baja a casi   un 70%.

Más opciones de supervivencia en caso de recaída

Del mismo modo, en caso de recaída de cáncer de mama, las mujeres que siguen recibiendo apoyo ven su riesgo de fallecer bajar a un 59% en comparación con las que luchan en soledad (estudio publicado en la revista Clinical Cancer Research, 16/06/2010).

Después de 12 meses, las mujeres que había estado acompañadas tenían más linfocitos y células NK (natural Killer cells) capaces de suprimir los tumores.

Con lo cual, resulta difícil de entender, hoy en día, que por una parte se le imponga a una persona intervenciones quirúrgicas, quimioterapia, radioterapia, y mandarla a casa con la única consigna de volver unas semanas más adelante para hacer una analítica.

Ninguna persona enferma de cáncer (ni de ninguna otra enfermedad) debe encontrarse abandonada y sola. No solo resulta cruel imponer soledad a una persona sufriendo, sino que estos estudios demuestran que pone su vida en peligro, y aumenta sus posibilidades de morir.

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Fuentes:

Yoo, G., et al., Emotion work: disclosing cancer. Support Care Cancer, 2009.

Kroenke, C.H., et al., Social networks, social support, and survival after breast cancer diagnosis. Journal of Clinical Oncology, 2006. 24(7): p. 1105-11.

Price, M.A., et al., The role of psychosocial factors in the development of breast carcinoma: Part II. Life event stressors, social support, defense style, and emotional control and their interactions. Cancer, 2001. 91(4): p. 686-97.

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