Las dietas con un consumo masivo de proteínas tan malas para la salud como el tabaco

Casi cada persona va a tener un día u otro una célula cancerosa o pre-cancerosa en su cuerpo en un momento dado de su vida, la pregunta es saber si esta célula va a prosperar o no.

Un estudio demuestra que las personas que siguen una dieta rica en proteínas animales tienen tanto riesgo de desarrollar un cáncer como las que fuman un paquete de tabaco al día.

 Estas dietas tipo Dukan se han vuelto muy populares estos últimos años gracias a las pérdidas de peso rápidas y espectaculares activamente promocionadas por famosas y actrices. Para aclarar conceptos, una pechuga de pollo o un filete de salmón ya representan el 40% de la aportación diaria de proteínas recomendada.

Una alimentación rica en proteínas a la edad mediana aumenta considerablemente el riesgo de cáncer según un estudio publicado en la revista Cell Metabolism.

La muestra de esta investigación son 6.318 personas mayores de 50 años que fueron seguidas durante 20 años. Las que tenían un consumo elevado de proteínas (20% o más del aporte total calórico) tenían un riesgo de cáncer 4 veces mayor que las que tenían una aportación baja (menos del 10% de las calorías totales). Las que tenían un consumo elevado también reñían un riesgo del 74% más alto de morir, todas causas confundidas. También son más susceptibles de morir de diabetes.

Las proteínas controlan el factor de crecimiento análogo a la insulina (IGF-I), que es una hormona de crecimiento que ayuda el cuerpo a crecer pero que está también ligada al cáncer. Los niveles de IGF-I disminuyen drásticamente pasados los 65 años, lo que conlleva a una perdida muscular y cierta debilidad. Con lo cual, mientras el aporte elevado de proteínas a edad mediana es muy nocivo, se vuelve protector para las personas mayores.

Las proteínas de origen vegetal, como las de las habas, no tiene un efecto tan impactante sobre la mortalidad como las de origen animal (carne, leche, quesos…). Las tasas de cáncer no parecen afectadas por el consumo de glúcidos o materias grasas, lo que deja pensar que la proteína animal es la responsable.

Para las personas en tratamiento de cáncer o en remisión, procurar que esta carne sea de máxima calidad, y si es posible ecológica.

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