Cambiar tu dieta tiene consecuencias inmediatas – dieta anti-cáncer

Un grupo internacional de investigadores ha realizado un experimento científico en el que durante dos semanas un grupo de los estadounidenses y uno de sudafricanos se han intercambiado las dietas. Los resultados han mostrado cambios espectaculares en la salud de los voluntarios.

Los investigadores del cáncer llevan tiempo tratando de averiguar por qué razón en unos lugares hay mayor incidencia de ciertos tumores que en otros. Está claro que en estos casos intervienen factores ambientales, pero no resulta fácil identificarlos y menos aún determinar qué mecanismos celulares alteran para dar lugar al proceso cancerígeno. El cáncer de colon es uno de los tumores en los que se observa una incidencia muy desigual en diferentes regiones del mundo. En este caso, sí que se ha podido demostrar que hay un factor diferencial determinante: la dieta.

Numerosos estudios han demostrado una relación directa entre una dieta pobre en fibra y el cáncer de colon. Lo que no se sabía es que un cambio de dieta pudiera tener un efecto fulminante, tanto en positivo como en negativo, sobre los mecanismos celulares que conducen al cáncer. Eso es lo que indica un interesante estudio de escaso valor estadístico pero alto interés conceptual publicado en Nature Communications.

El experimento consistió en dar durante un tiempo la dieta de muchos norteamericanos —hamburguesas con mayonesa, patatas fritas, perritos calientes y costillas— a un grupo de personas de una zona rural de Zululandia (Sudáfrica); y la que toman los zulúes — arroz, papillas de maíz, mango y frijoles — a un grupo de Pittsburg.

Los investigadores no esperaron a ver qué efectos tenía a largo plazo. Observaron con una cámara qué ocurría en el intestino. Y comprobaron con sorpresa que en pocos días, el cambio de dieta causaba en los africanos procesos de inflamación y otras alteraciones en la mucosa intestinal que están en la base de un futuro tumor.

La hipótesis que ahora debe someterse a estudios más extensos es que la dieta produce efectos inmediatos en la flora bacteriana. Mientras llegan resultados definitivos, será mejor aliarse con las bacterias intestinales dándoles lo que necesitan para protegernos del cáncer.

El aparato digestivo está tapizado por una red de neuronas (células nerviosas) que algunos científicos han denominado “segundo cerebro” y que representan el 70% de las neuronas del cuerpo humano. Ese cerebro, según estudios científicos recientes, influye en nuestro estado de ánimo, carácter y hasta en el ritmo de sueño.

¿Cómo cuidar de nuestro intestino en el marco de una dieta anti-cáncer?

• Consumir gran cantidad de alimentos crudos, sean verduras y frutas, frutos secos (sin tostar ni freir) y aceites de primera presión en frío. Al utilizar alimentos ecológicos, se consumen con la piel, donde se encuentran valiosos nutrientes. Procurar incorporar alimentos de colores intensos.

Huir de alimentos manipulados, o sea precocinados, lo que permite también evitar conservantes y colorantes alimentarios.

• Olvidarse de las grasas hidrogenadas, como es el caso de la margarina.

Pan, agua, aceite, lácteos y huevos son alimentos básicos que exigen máxima calidad, o sea deben prevenir de alimentación ecológica.

• Evitar ponerse a comer disgustado/a ya que podría ser un factor de cansancio e incluso depresión.

Fuentes:
Europa press / El País / Infosalus

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