Quiénes somos

Si estamos hoy aquí, es porque un día un médico nos dio una noticia que detuvo el ritmo de nuestra vida, y  cambió para siempre nuestra perspectiva. Oímos la palabra maldita: cáncer. En todo el tiempo transcurrido desde ese momento, hemos tenido que aceptar esta prueba vital, reunir toda nuestra energía y nuestras fuerzas para superar el pánico, la angustia, la desesperanza, para hacerle frente. Frente a nuestro propio ser, a nuestros seres queridos, al equipo médico, a miradas mal disimuladas en la calle, a palabras poco apropiadas…

Somos mujeres que vivimos en nuestra propia piel lo que significa la palabra cáncer. El miedo, el terror, al sufrimiento, el dolor, la mala jugada de ver como el futuro se desvanece ante nuestros ojos, la incertidumbre y el desconocimiento frente a lo que nos está ocurriendo. Es cierto que vivimos en una sociedad llena de “garantías”, de seguros de todo tipo, que intentamos controlar y planificar al milímetro nuestro futuro y sus dificultades. Sin embargo,  el ser humano, la vida misma, no funciona bajo estas premisas. Gran parte del proceso de aprendizaje personal  que supone el cáncer, consiste en la propia aceptación de la enfermedad como un reto más en la trayectoria de nuestra vida. Solo aceptándolo, podremos entrar de pleno en la batalla, superarnos a nosotros mismos/as, y superar la enfermedad.

Muchas veces, sobran las palabras. Sabemos a qué nos enfrentamos. A mí, nadie que hubiera sufrido un cáncer me dijo “¡ánimo!”. Me dijeron simplemente “aquí estoy contigo”, y también “va a salir bien” o sencillamente me apretaron fuerte la mano o me dieron un abrazo.

Tan solo las personas que hemos pasado por quimioterapia y radioterapia sabemos lo que esto implica. Demasiado a menudo, durante el proceso de curación, la dignidad personal queda en un segundo plano. Los tratamientos son tan agresivos que destruyen una parte de nosotros/as mismos/as, para erradicar, para limpiar, para salvar y recuperar la vitalidad. En esos momentos, dejas de ser una persona, un individuo, para convertirte solamente en un paciente, un enfermo.

Los tratamientos contra el cáncer afectan nuestro aspecto físico. La caída del pelo es la consecuencia más conocida, pero existen muchas otras muchas alteraciones que hacen difícil verse positivamente en el espejo. Algunos efectos segundarios son muy íntimos o difíciles de exponer en las cortas visitas con los oncólogos: nadie da demasiada importancia al enfermo cuando se lamenta de su mal aspecto, porque los tratamientos se centran en vencer la enfermedad, a cualquier coste.

Sin embargo, a la persona que sufre el proceso, se le hace difícil explicar que bajo esa persona sufriendo, sigue siendo ella misma, que no quiere perder su imagen, su identidad, su aspecto. Personalmente, estoy íntimamente convencida de que en esta batalla contra la enfermedad, mantener un estado de ánimo lleno de esperanza, y disfrutar de cada minuto que nos ofrece la vida, es una herramienta tan fuerte como cualquier tratamiento médico.

En Hierbaverde, además de soñar como todas vosotros/as que algún día la medicina será capaz de tratar el cáncer como si fuera un simple resfriado, pretendo ofrecer productos de máxima calidad, diseñados y elaborados para personas que estén pasando por tratamientos de quimioterapia y radioterapia. También quiero compartir con vosotros/as los conocimientos adquiridos, tanto por mi  experiencia personal y mis lecturas, como contar con intervenciones de profesionales del sector y de particulares que estén pasando por el mismo proceso. Espero que entre todos y todas podamos colaborar a aliviar este momento tan extremo y complicado de nuestras vidas.

Os deseo mucha suerte.

Anne-Claire